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La muerte y los niños

Instituto Nacional para la Atención de la Salud Mental

Hablar de temas como sexualidad, separación de los padres, enfermedades y sobre todo de la muerte son tareas difíciles de los adultos. A medida que crecemos, vamos llenando nuestro archivo mental de pensamientos, juicios, miedos, mitos, creencias y aprendizajes no adecuados que provienen de experiencias que tal vez no resolvimos acertadamente y que por tanto cuando es necesario hablar sobre estos asuntos, se nos olvida lo esencial, complicando nosotros mismo la manera de comunicarnos.

Es importante tomar en cuenta a quien vamos a dirigirnos para adecuarnos al nivel de madurez del receptor de la  información. Uno de los temas que más se nos complica como adultos, es hablarles a los niños sobre la muerte, que sin duda quisiéramos evitarles el dolor ante noticias como estas pero es importante manejarse siempre con la verdad para no complicar mas la situación.

En primer lugar, es muy útil que el adulto esté tranquilo para poder comunicarse con el niño y no necesariamente con el duelo resuelto, ya que a veces es imposible por cuestiones de tiempo atrasar la noticia hasta que el adulto se encuentre con el proceso de duelo completado.

Los niños, hoy en día están relacionados con la muerte desde otras experiencias que no implican una pérdida como tal pero que por supuesto van formando el concepto a lo largo de la vida. ¿Has escuchado lo que dicen cuando están jugando frente a la computadora o el playstation? Su idioma es como “me quedan dos vidas”, “¡ya me morí!”, “¿cuántas veces te han matado?”, “me queda poquita vida” o por lo menos algo más feliz como “reviví!”; los cuentos y películas donde el dragón o la bruja mala se muere con una pócima o apachurrados. También el contacto que está al alcance diariamente en la televisión con las noticas terribles que vemos todos los días y los temas de conversación de los adultos como consecuencia de la violencia que estamos viviendo como país.

Estos son solo algunos ejemplos de las maneras tan sencillas en que los niños se van formando el concepto de muerte, pero la experiencia de pérdida se empieza a formar de situaciones más reales como la muerte de algún animalito, desde lo más sencillo como matar una arañita, hasta la muerte de una mascota que ya implica un proceso muchos más profundo donde se van dando cuenta que no hay regreso y “revivir” no existe.

A sabiendas de que los niños tienen conciencia de la muerte mucho antes de que nosotros nos demos cuenta, es necesario también ubicarnos en la edad que el niño tiene, ya que no es lo mismo los procesos de pensamiento que se han logrado a los 3 años que a los 9. Aunque cada uno tiene su ritmo individual por las experiencias únicas de cada individuo, podemos decir que aproximadamente antes de los 6 años, la idea de que el “correcaminos” sobreviva ante las maldades del “coyote” después de haber sido explotado, no es algo posible en la vida real. Durante la edad de primaria, ya pueden entender que la muerte no es algo temporal y la relacionan con los símbolos de esqueletos, tumbas, cruces o angelitos por ejemplo, sin embargo, no creen posible que pueda pasarle a ellos y se creen capaces de “esquivarla”. Finalmente durante la adolescencia, el concepto de muerte es comprendido viéndola como definitiva e incluso pueden tener conductas de reto para experimentar el control ante la vida y la muerte, no midiendo consecuencias.

Por todas estas implicaciones y para poder hacerlo de la mejor manera posible para los niños, brindándoles un espacio seguro de acuerdo a sus necesidades, te presento a continuación tips que puedes tomar en cuenta para estas situaciones:

  • Utiliza respuestas sencillas de acuerdo a la edad del niño, los sermones o explicaciones largos únicamente confunden y generan más dudas.
  • Puedes aprovechar cualquier situación que creas conveniente para hacer comentarios respecto a la muerte por ejemplo cuando encuentras un pajarito muerto en el jardín, y así darte cuenta de lo que él cree y opina sobre el tema sin esperar experimentarla directamente en la familia, ya que al estar menos involucrado emocionalmente, resultará más fácil resolver las dudas abiertamente.
  • Nunca lo obligues a asistir a funerales o visitas en hospitales si él o el enfermo no lo desean. En caso de que si asista, es importante explicarle antes a su nivel, las condiciones a las que se enfrentará, es decir, lo que verá y escuchará.
  • Para conocer hasta dónde hay que explicarle al niño, pon atención a su pregunta o duda, no expliques de más, ya que los niños cuando preguntan, es para confirmar sus sospechas, por tanto se van preparando para escuchar lo que estaban descubriendo internamente.
  • Dale su espacio para procesar y consolidar la información que recibe, puede ser que te pregunte después de un tiempo sobre el asunto nuevamente, cuando le surjan dudas específicas o simplemente desea que se lo repitas continuamente para reafirmar, ya que es su manera de aprender.
  • Tranquilízalo ante la angustia de separación que puede generar la conciencia de muerte, pensando que él pudiera ser abandonado por los suyos, ya que es uno de los miedos más comunes y básicos en la infancia. Esto se complicaría si también lo alejan de los adultos que sufren, como suelen hacerle algunos padres mientras se recuperan, ya que él lo experimentará como doble abandono.
  • Utiliza palabras claras y directas para no crear falsas creencias como por ejemplo “el abuelo se nos adelantó” o “el tío ya está descansando” ya que el niño las tomará como literal y confundirá el mensaje gravemente.
  • Procura que tu lenguaje sea congruente con tus acciones. Será difícil comprender que le digas “tu papá está contento en el cielo” mientras lloras; la confusión del lenguaje textual con la incongruencia del sufrimiento que él ve, será doble.
  • La culpa, el miedo, llanto, regresión o enojo, pueden ser reacciones esperadas de los niños ante la muerte de alguien cercano. Dale su espacio para expresar sus emociones, respetándolas y no juzgando incluso las de otros adultos. Recuerda que el ejemplo es importante para que él se sienta con la confianza de preguntar y expresar lo que necesita.
  • Enséñale que llorar y sentir, no es malo. Intenta separar los aprendizajes, juicios y miedos que son del niño y los que son tuyos.

Como podrás ver, es una lista amplia que podemos tomar en cuenta para informarles a los niños sobre las pérdidas a las que nos enfrentamos a lo largo de la vida y que dependerá de las circunstancias, aprendizajes, creencias y relación que tengamos con lo que perdemos, pero como consejo último, te podría decir nosotros también fuimos niños y que la verdad siempre será lo más sano y la mejor versión que puedes expresar.