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La despedida, el duelo más dificil.

Instituto Nacional para la Atención de la Salud Mental

Aprendiendo a perder.

Despedirse… ufff! A quien no le cuesta trabajo? A medida que vamos creciendo, aprendemos a través de nuestras experiencias lo complicado que puede llegar a ser una despedida. Realmente nadie nos prepara para dejar ir aquello en que o en quien ponemos nuestro cariño, expectativas, amor, esperanzas, tiempo, dedicación, dinero, esfuerzo… y si lo quieres más complicado, nuestro valor, autoestima, seguridad y confianza;  aquí justo es donde se empieza a complicar cada vez más. 

¿Quién no ha perdido? Y por tanto quién no le ha llorado a aquello que perdió? El tema de las despedidas y los duelos es un fundamental e imprescindible entre los seres humanos, y debido a lo inevitable del asunto, podemos estar preparados para no sufrir de manera extrema y entonces si evitar un duelo patológico, muy por el contrario, resultar fortalecidos de nuestras propias pérdidas. 

Como ya seguramente has escuchado  “el dolor es inevitable, el sufrimiento opcional”, y aunque no lo creas, tanto el dolor como el sufrimiento tienen su sabia razón de ser. 

Por su parte el dolor se origina en el sistema nervioso de nuestro cuerpo, y lo podemos dividir en 2 áreas: sensorial y emocional. Comenzando por la sensorial, existen núcleos, fibras, vías y neurotransmisores específicos que se van a encargar de informarnos que algo está mal en el cuerpo y por tanto nos preparan para estar alerta y activar medidas de prevención o en su caso accionar mecanismos de recuperación ante el estrés que se experimenta. 

El proceso que sigue nuestro cuerpo para llegar al dolor, consiste en 4 pasos. Primero nocicepción, que es la etapa que todos tenemos en común objetivamente, ya que intervienen de manera bioquímica los procesos de transducción, transmisión y modulación del dolor. En segundo lugar, tenemos la percepción, que es la etapa donde nos damos cuenta que nos duele. En seguida encontramos el sufrimiento, donde intervienen ya nuestros pensamientos y experiencias pasadas, específicamente en el córtex cingular anterior, el córtex de la ínsula y por supuesto la comunicación con el sistema límbico,  para poder procesar la información del dolor que se siente; por tanto esta etapa es subjetiva dependiendo de las interpretaciones que cada persona le da de acuerdo al propio umbral del dolor y aprendizajes. Finalmente el comportamiento ante este sufrimiento, que puede ser tan diverso como cada uno de nosotros. 

Esta cadena de reacciones que se origina desde el cuerpo, la encontramos en dos de los tres tipos del dolor, de acuerdo a la clasificación tomado en cuenta  su origen y son Nociceptivo (somático y visceral) y Neuropático. El tercer tipo es el que por el contrario, se origina a partir de una interpretación y experiencia emocional y da lugar a cambios en el organismo que de la misma manera nos hace prepararnos para enfrentar ese nuevo estrés. 

El tercer tipo, es el que evidentemente podemos trabajar de manera individual para llevar a cabo el duelo de la forma más sana posible. Las expresiones ante este dolor pueden ser manifestadas por depresión, ansiedad y/o somatización, y va a depender de factores psicosociales e intrapsíquicos que finalmente llevan a la expresión del sufrimiento en sus diferentes niveles. 

No podemos anticiparnos a no perder lo que no está dentro de nosotros, pero si a  estar preparados para perder desde nosotros mismos para que el sufrimiento sea lo menos posible. 

Así que para esto,  te doy 7 puntos que puedes trabajar individualmente y con calma, que te servirán como medida de prevención a llevar un mejor duelo:

  1. Realiza un análisis de qué tanto estás preparado a perder, anota lo que crees que más te daría miedo perder y qué pasaría si lo perdieras. 
  2. De lo más catastrófico que encontraste del punto anterior, analiza si es porque has depositado en lo perdido,  valores de tu persona. 
  3. En caso de que encuentres que depositas en otros algo que es tuyo (por ejemplo: autoestima, seguridad o confianza) intenta modificarlo, para que no te pierdas en el otro.
  4. Cuando te toque perder, date tiempo y espacio para cada etapa. Ten paciencia y dale su lugar a cada emoción así como las reacciones de tu cuerpo.
  5. Has lo posible por no dejar situaciones, pensamientos o emociones pendientes con las personas más cercanas a ti, háblalo a tiempo. 
  6. Mantente alerta con señales de dependencia que encuentres en ti para que trabajes sobre ellas (por ejemplo: excesiva necesidad de protección, temor a la separación, falta de iniciativa propia, necesidad de que otros tomen decisiones importantes por ti, temor a ser abandonado o sumisión).
  7. Busca ayuda profesional si crees que no puedes hacerlo solo o si el tiempo que ha pasado es mayor a un año. 

Siempre podemos encontrar opciones para encontrar la tranquilidad interna que deseamos y si lo hacemos acompañados es mejor aunque el proceso de crecimiento sea individual. No le temas al dolor, confía en él ya que detrás encontrarás un gran aprendizaje.